El rechazo de la UE a permitir la integración de Rumanía en el espacio Schengen señala el fracaso de la clase política local, pero también el de una cierta idea de Europa, según el periódico Adevărul.

¡No minimicemos el fracaso de Schengen! Admitamos más bien que la credibilidad de Rumanía no había estado tan baja en el panorama europeo desde los últimos años del reinado de Ceaucescu y las “mineriadas” de la época de Ion Iliescu [la entrada de mineros en Bucarest para reprimir manifestaciones en 1990].

¿Cómo hemos llegado a este punto? Es fácil de explicar. Yo pensaba que una vez admitidos en el club, nuestros compromisos habían pasado a ser facultativos; después de todo, ya no podían echarnos.

Desde del 1 de enero de 2007, los dirigentes políticos de Rumanía – el presidente Basescu y sus aliados, el primer ministro del momento, Calin Popescu-Tariceanu, pero también los demás dirigentes de la oposición – han dejado de lado el proyecto europeo para dedicarse al ajuste de cuentas interno. Han intrigado para lograr la suspensión del jefe de Estado y se han entregado en cuerpo y alma a campañas electorales vacías de contenido, aunque desmesuradamente caras.

El presidente, en concreto, se ha lanzado a realizar declaraciones espectaculares de uso interno que no han hecho sino irritar a sus socios europeos. Rumanía se ha dejado llevar por la corriente hasta chocar con la crisis como un Titanic contra un iceberg.

Reconstruir nuestro destino en Europa

¿Quién se toma aún la molestia de observar los cambios que se producen en Europa? Bajo la presión de la crisis económica y de las tendencias antiinmigratorias cada vez más fuertes, los Estados más poderosos de la Unión se han vuelto egoístas y cínicos. La expansión, la integración y la moneda única son en este momento los culpables preferidos para un número cada vez más elevado de votantes occidentales, inspirados por el discurso de una extrema derecha en plena ascensión.

Los partidos tradicionales de centroderecha que ocupan el poder en la mayoría de los Estados poderosos de la Unión realizan cada vez más concesiones a este extremismo. Temen sufrir la misma suerte que los democristianos, que han perdido muchos votos en beneficio de las formaciones radicales de izquierda en el contexto de la crisis y de las medidas de austeridad.

¿Se han fijado sin embargo en que los Estados que más se ceban con Rumanía están dirigidos por partidos de la misma familia que los hombres que ocupan el poder en Bucarest? Sus líderes tratan de demostrar a sus votantes que castigan a los “culpables” de los problemas de Europa. La pecadora Rumanía es la víctima perfecta. Resulta muy peligroso introducir criterios políticos, subjetivos, allí donde deberían tener prioridad los aspectos técnicos, como en el caso de la adhesión al espacio Schengen.

¡Si mañana se extendiera el mismo criterio a los fondos de la UE, estaríamos perdidos! Por otro lado, la Unión misma está en peligro. Una Europa donde las reglas son sustituibles a placer por los dictados de los intereses de los poderosos es una Europa dividida y enfrentada, no una Europa próspera y en paz. La historia ya lo ha demostrado.

Unos hombres de Estado con visión de futuro habrían percibido estas tendencias peligrosas y habrían hecho todo lo posible por minimizar sus efectos hacia Rumanía. Pero a la vista de todos está lo que han hecho, y esta es la realidad en la que habremos de basarnos cuando finalmente decidamos ponernos en marcha, desperezarnos y comenzar a reconstruir nuestro destino en Europa.