Abandonar el euro y volver a la moneda nacional. Cada vez más alemanes consideran que esta sería la mejor opción para salir de la crisis. Una hipótesis de riesgo, pero no por ello fantasiosa, si hacemos caso a los numerosos artículos alemanes que se hacen eco del tema.
La mayoría de los alemanes están de acuerdo: ¡teníamos que habernos quedado con el marco alemán! Según un estudio reciente, el 57% de los alemanes hubieran preferido no pasarse al euro y más de un tercio desearía actualmente volver al marco.
Los nostálgicos no son los únicos en pensar así. Cada vez más adeptos a los cálculos racionales engrosan las listas de euroescépticos, entre los que se encuentran economistas, jefes y directores de empresa.
Según Volker Nitsch, profesor de la Universidad Técnica de Darmstadt y estudioso de los hundimientos de las uniones monetarias a lo largo de la historia, “la probabilidad de ver a un país salir próximamente de la zona euro es del 20%”.
Hasta el día de hoy, solamente los extranjeros se han atrevido a hablar públicamente del marco. El célebre economista estadounidense, Barry Eichengreen, ha declarado recientemente que Alemania forma parte del escaso grupo de países europeos capaces de reintroducir la antigua moneda sin sufrir una catástrofe financiera.
Sin demasiados obstáculos técnicos
¿Qué significaría el retorno del marco alemán? Primero habría que saber si Alemania sería capaz de tomar esta decisión. La cuestión provoca una sonrisa a Volker Nitsch: “No habría ningún problema. Ya se han acometido suficientes violaciones de los tratados”. Solamente bastaría de una autorización por parte del Parlamento o del jefe de Gobierno.
Los obstáculos técnicos tampoco tienen nada de insalvable. Para crear una nueva divisa, hace falta un banco de emisión y máquinas que impriman los nuevos billetes y acuñen las nuevas monedas. Sin embargo, esto no es lo más difícil. El problema verdadero radica en las consecuencias económicas que acarrearía dejar el euro.
La evolución de los tipos de cambio desempeña una función vital. Es probable que al principio, el marco aumente su valor y que sea de alrededor del doble. Los productos alemanes resultarán mucho más caros para los países extranjeros.
A largo plazo, exportaremos cada vez menos a nuestros vecinos europeos. La historia demuestra que el fin de una unión monetaria siempre se traduce en una disminución de los intercambios comerciales entre antiguos socios.
¿Plantea esta situación algún problema? En primer lugar, las exportaciones alemanas no deberían reducirse durante demasiado tiempo. Puesto que nuestra moneda es fuerte, las materias primas son más asequibles. El resultado es que los productos alemanes se pueden fabricar con un coste menor y venderse a un mejor precio.
En segundo lugar, las exportaciones no son el único objetivo de nuestra economía. La vuelta del marco tendría un efecto positivo en el consumo, lo que también debería sostener la economía.
El fin del euro desataría una crisis aún peor
Sin embargo, existen otros aspectos en esta decisión que podrían resultar muy costosos. Los alemanes, en muchos casos sin saberlo, tienen una parte importante de su patrimonio en el extranjero. Las aseguradoras, los bancos y los fondos de inversión han invertido en gran medida en la eurozona. Al reconvertirlas al marco, estas inversiones alemanas en el extranjero perderían 158.000 millones de euros de su valor, es decir, un 7% del PIB. Esto será lo que sin duda más molestará a los ahorradores alemanes.
Pero ¿cuánto nos costará el euro si lo conservamos? ¿Y si otros grandes países, además de Grecia o Irlanda, nos piden ayuda? Alemania podría encontrarse en la situación de tener que garantizar sumas cada vez más inconcebibles. No hay que ser un gran matemático para entender que al final el juego no merece la pena.
Pero hay un inconveniente: ¿qué ocurrirá a corto plazo si Alemania deja la eurozona? Todas las posibilidades son unánimes en un sentido: no se producirá sin dificultades. Es casi seguro que la vuelta al marco y la devaluación del euro sin Alemania marcarían el inicio de un gran movimiento de los fondos al extranjero.
Los griegos, los españoles y los irlandeses querrían de inmediato depositar su dinero en Alemania. Para evitarlo, sería necesario recurrir a dos medidas radicales: cerrar los bancos, limitar las transferencias de capital, incluso cerrar las fronteras. Según Barry Eichengree, el fin del euro constituiría el inicio de "la peor crisis financiera de la historia".
Uniones monetarias por razones políticas
No es que se haya dicho que la situación llegue a este punto. Sin embargo, el miedo ante tal caos social sigue siendo más importante que el temor de ver cómo el euro nos cuesta cada vez más caro. Para el historiador Michael Bordo, existe una circunstancia por la que Alemania estaría dispuesta a aceptar este riesgo: "Si uno de los países fundadores del euro, por ejemplo Italia, se encontrara en situación de emergencia, podría incitar a Alemania a romper los tratados europeos".
A esto se añade la dimensión política de la cuestión. Bordo explica que en las escasas obras de los economistas en materia de unión monetaria ha aprendido una cosa: "Las uniones monetarias se constituyen por motivos políticos, se profundiza en ellas por motivos políticos y siempre acaban desplomándose por motivos políticos".