El 28 de noviembre, los moldavos eligen a sus diputados. ¿Qué se juegan con este escrutinio? Salir de una crisis política y social y elegir un acercamiento con la UE o con Rusia. Fuera del país, los emigrantes esperan que el desenlace de las elecciones les permita regresar.
Para bien o para mal, la diáspora moldava espera con ansias que se ponga fin a “la tragedia Voronine”. [Vladimir Voronine, presidente de 2001 a 2009, sigue al día de hoy sin sucesor. Los diputados elegidos el 28 de noviembre deberán designar un nuevo presidente.] Lo mismo piensan también aquellos que emigraron en la época de Lucinschi, presidente de 1997 a 2001, cuyo Gobierno llevo a los moldavos a vivir en condiciones inhumanas y morirse de hambre.
No resulta exagerado afirmar que a finales de los años 90, llevados a una profunda desesperación, con condiciones de vida miserables, enormes atrasos de salarios y jubilaciones impagadas, los moldavos fueron proscritos del país.
Los “proscritos” de Lucinschi se marcharon con la esperanza de volver a casa al cabo de dos o tres años, tras el cambio de régimen. Pero entonces llegó Voronine. De ahí viene su gran rencor hacia el Partido Comunista, el creador de las condiciones por las que cada vez más moldavos abandonan el país y menos pueden volver.
El "país de las artimañas"
El dinero recaudado por los emigrantes aseguraba en gran parte el presupuesto de la República. En 2008, los envíos de fondos representaban el 36,2% del PIB. En 2009, la diáspora moldava envió oficialmente al país casi mil millones de euros por medio de los bancos y quinientos millones durante los ocho primeros meses de este año, sin olvidar los millones enviados por otras vías. Esto permitió a los comunistas mentir a los votantes con la idea de que son ellos los que mantienen a flote el negocio del Estado.
Al fomentar el éxodo, los comunistas se han aprovechado de la huida de fuerzas aptas para el trabajo, ya que los electores de la tercera edad que se quedaban eran débiles y fáciles de manipular mediante pequeños aumentos de las pensiones o modestos “regalos electorales”, mientras que los precios aumentaban en gran medida.
Durante este tiempo, una gran parte de los “proscritos” regularizaron su situación en países europeos, se integraron bien e incluso se llevaron a sus familias. Sin embargo, aunque enviaban dinero a Moldavia, nadie les agradecía. Cuando volvían a casa en la época de Voronine, por corta que fuera la visita, sentían que estaban entrando en el “país de las artimañas”. Nada más entrar en la aduana se les sobornaba, como ocurría en todas las instituciones a las que se dirigían.
¿Qué pasará si vuelven los comunistas?
Esa es la razón por la que detestan a los comunistas. Tras el cambio de gobierno del año pasado, el flujo de fugitivos ha disminuido. Según los datos del ministerio público, el tráfico de personas ha caído un 14,3% en 2009 con respecto a 2008 y el tráfico de menores un 16%. Hasta los sobornos ya no son tan frecuentes, aunque el fenómeno sigue siendo realmente inquietante. Algunos emigrantes no confían realmente en la AIE (Alianza para la Integración Europea, la coalición que ostenta el poder desde 2009), pero son conscientes de que no hay otra opción.
Muchos quieren volver por fin a casa, pero solo si pueden gozar de condiciones de vida decentes. En lugar de los mil euros que ganan en Europa, se conformarían con recibir allí 500.
Todos esperan el 28 de noviembre con las maletas en la mano. Si vuelven los comunistas, es más que probable que Moldavia se convierta en “un país de la tercera edad”. Si los demócratas permanecen en el poder y las cosas no cambian, la gran evasión se producirá dentro de unos años. Cuando les toque marcharse a los médicos, los ancianos morirán en un santiamén. ¿Y qué quedará?
