Ahora que Irlanda ya dispone de un plan de ayuda financiera, Portugal quiere saber si los mercados van a dejar de presionarle. Pero para ello, tal y como previene el diario Público, será necesario pasar por medidas de austeridad.

Al día siguiente del anuncio que confirmaba que Irlanda recurriría a la ayuda de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, el país se inclinaba sobre los mercados como si se tratara de una bola de cristal que le revelará su futuro a corto plazo. Pero, al contrario de lo que se esperaba, las señales que constituyen los tipos de interés sobre la deuda pública o los índices de los contratos de garantía que expresan el riesgo soberano (los famosos credit default swaps, o CDS) eran contradictorios.

Según los indicadores de ayer, Portugal no está condenado de inmediato a un salvamento exterior, pero aún estamos lejos de poder afirmar, tras la ayuda a Irlanda, que la presión haya disminuido y que el país no necesita la ayuda de nadie.

En un contexto tan incierto y precario, cada palabra pronunciada y cada señal enviada por los responsables políticos y económicos influyen en los acontecimientos del futuro. Además, es necesario evitar a toda costa que se llegue a noticias sobre la ejecución del presupuesto como las de ayer [a pesar de dos planes de austeridad, el presupuesto portugués se ha ejecutado según la ley de finanzas inicial].

En otras palabras, Portugal no puede esperar que le liberen de la presión de los mercados mientras no dé muestras de una política financiera creíble. Si el estado actual del déficit de la deuda pública puede llevar al antiguo ministro socialista António Vitorino a declarar que “según una lectura racional, no tiene sentido mantener la presión sobre Portugal”, la capacidad del Estado para dirigir una política rigurosa exige más prudencia y cautela en el futuro.

Aunque el país lograra salir indemne de la actual tormenta sobre los mercados, no se disiparán las dudas sobre su capacidad de pago a los acreedores. Y si a corto plazo se confirma que el gobierno sigue siendo incapaz de controlar los gastos del Estado, las presiones no dejarán de resurgir y con ellas, la perspectiva de un castigo de la UE y del FMI.