Después de una semana negándolo, el Gobierno irlandés ha admitido finalmente el 21 de noviembre que ha pedido un plan de ayuda a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional. En su editorial, el Irish Independent considera esto un fracaso humillante, pero también una oportunidad para recuperar el orgullo nacional y la confianza.
Esta mañana, por primera vez en años, los ciudadanos de este país pudieron levantarse de la cama aliviados, a pesar de las numerosas dudas y preocupaciones que persisten, porque por fin alguien se ha hecho cargo de la situación.
Por desgracia, ese “alguien” son los grupos de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, que tratan de negociar las condiciones de un rescate de dimensiones realmente sorprendentes respecto a los inestables bancos irlandeses.
Un fracaso humillante
Su presencia denota un fallo en nuestra gestión interna. Así pues, se trata, en cierto modo, de un fracaso para todos. Es un fallo de los bancos, que demostraron una conducta temeraria, engañaron al Gobierno y nos vaciaron los bolsillos.
Es, sobre todo, un fracaso humillante de un Gobierno que no mostró ni el más mínimo indicio de liderazgo hasta que se ha visto obligado a hacerlo por órdenes externas. Y lo que es peor, el mea culpa por sus deficiencias es, en el mejor de los casos, parcial. Ayer, el ministro de Finanzas, Brian Lenihan, admitió a regañadientes que su política había fracasado. Claramente, el primer ministro, Brian Cowen, no ha querido ver la realidad.
Al día de hoy, existe un peligro real de que el Gobierno trate de convencer a los ciudadanos de que las condiciones propuestas por el FMI, en concreto, son sólo opciones y de que estamos negociando desde la misma posición. Los ministros pueden autoconvencerse de esta absurda idea, aunque nadie más se lo crea.
Nadie debe eludir su responsabilidad
Lo cierto es que estamos en quiebra y que nuestra mera supervivencia depende de los demás. El rescate de los bancos costará “miles de millones”: menos de 70.000 millones de euros, según el ministro de Finanzas; 100.000 millones de euros, según especulaciones; pero en cualquier caso, está muy por encima de nuestra capacidad de pago.
A los ministros, y en especial al primer ministro, les encanta hablar de su capacidad para tomar decisiones difíciles. Las acciones que han acometido en los últimos dos años no han sido lo suficiente sólidas y la mayoría han resultado equivocadas.
Ha llegado la hora de tomar decisiones reales, prácticas, radicales y triunfales. Hay que reestructurar los bancos, no mimarlos. Puede que haya que hacer fusiones, ventas a gigantes extranjeros. Ya no se puede seguir escapando de la responsabilidad.
Sin embargo, hay que pagar el precio si queremos cobrar la gran recompensa. Si nos abrimos camino entre las arduas dificultades que nos esperan, podremos prosperar de nuevo con el tiempo, recuperar nuestra soberanía económica y recobrar nuestro orgullo y confianza nacionales. Cuando hayamos luchado y veamos la luz al final del túnel, nos lo habremos ganado.
