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Arte: Ladrones al acecho en Europa

27 agosto 2010
International New York Times París

No, esto no es arte moderno.

No, esto no es arte moderno.

Desde hace años se ha hablado en Francia entre murmullos sobre la vulnerabilidad de los museos y los propietarios de obras artísticas de gama alta frente a robos muy costosos, pero dos sucesos han sacado a la palestra esta cuestión.

Un espectacular robo cometido en mayo en el Museo de Arte Moderno de París, valorado en 100 millones de euros, y el juicio del mes que viene a tres personas en relación con un audaz golpe en el apartamento ubicado en la Margen Izquierda de la capital del Sena propiedad de una nieta de Picasso, han puesto al descubierto lo susceptibles que son los dueños de obras de arte de gran valor a ser víctimas de ladrones extremadamente meticulosos.

La identidad de los autores de ambos robos sigue siendo un misterio – el juicio es a tres personas acusadas de tratar de vender ilegalmente los Picassos, no de robarlos – , por lo que el mundo del arte bulle de especulaciones sobre los delitos y se hace mil preguntas sobre ellos: ¿quién está detrás de los 20 o más robos que tienen lugar en museos franceses cada año? ¿Cómo esperan los ladrones deshacerse de obras tan fáciles de identificar y de artistas tan prominentes? Y, lo más importante, ¿están las aclamadas instituciones artísticas de este país preparadas para enfrentarse con estas bandas aparentemente tan profesionales e independientes?

En el turbio mercado negro mundial de obras de arte robadas, los numerosos museos de Francia constituyen un excelente coto de caza. El número de robos en museos galos ha descendido desde el máximo de 47 en 1998, y durante los últimos 15 años el promedio anual se sitúa en 35. Ello ha dado lugar a un sinfín de teorías contradictorias que, en general, señalan a un cambiante “inframundo” de delincuentes diversificados que operan en células muy fluidas, comparten información sobre posibles compradores y obras en venta, y estudian cuidadosamente los museos antes de atacarlos. “Otros directores de museo me han dicho que piensan sobre esto todos los días”, dice Christophe Girard, concejal de cultura del ayuntamiento de París. “Todos saben que los delincuentes son sofisticados, y hoy el valor del arte es inimaginable”.

Francia e Italia, los más vulnerables

Museos importantes de todo el mundo, desde Boston a Egipto, han tenido sus propias sacudidas en materia de seguridad. Pero Francia e Italia, con su enorme patrimonio cultural, son los países más vulnerables a los robos, según Interpol. Esta organización policial internacional con sede central en Lyon creó el año pasado una base de datos de obras de arte robadas que contiene más de 35.500 piezas. Karl Heinz Kind, jefe de la unidad de obras robadas de Interpol, se burla de la idea romántica de que detrás de los robos hay coleccionistas ricos, como sucede en la película “El secreto de Thomas Crown”, en la que aparecía un Monet sustraído. “Pura ficción”, dice.

Como indican los casos del Museo de Arte Moderno de París y del apartamento de la nieta de Picasso, la organización del grupo de delincuentes parece ser una cuestión de orgullo para quienes roban obras de arte, según Robert Wittman, un antiguo agente del FBI. Wittman se infiltró en una banda de ladrones en el sur de Francia fingiendo ser un acaudalado experto en arte de Filadelfia, y ayudó a la policía a recuperar un Monet y otras pinturas robadas en Niza en 2007.

Si bien este experto sostiene que algunos ladrones de arte tienen vínculos con la Brise de Mer (una banda corsa de delincuentes que ha quedado diezmada por una oleada de sucesos sangrientos), cree que, en general, se trata de ladrones que diversifican sus actividades simplemente en busca de productos que vender.

Grupos interconectados

“Tienen una organización muy libre”, dice Wittman, que en su libro “Priceless” describe a algunos ladrones y sus propios hallazgos en calidad de encubierto. “Tienen células en todo el país, y saben qué están haciendo las demás células. Si el grupo de Marsella encuentra un comprador, se lo notifican a la otra célula. Nadie se especializa. Son ladrones y punto”.

¿Son grupos como estos los responsables del golpe en el Museo de Arte Moderno de París? Charles Hill, un detective retirado de Scotland Yard que se ha convertido en detective privado, adoptó una identidad encubierta para recuperar “El grito” de Munch, que fue robado en 1994 en la Galería Nacional de Oslo. También recuperó un Vermeer sustraído por gángsteres irlandeses de una casa rural inglesa.

“Estos grupos son como un fragmento de ADN. Están todos interconectados y forman parte de una misma hebra”, dice Hill. “Tienen excelentes contactos con mafiosos de los Países Bajos y Bélgica, especialmente para el manejo de objetos robados”. La policía francesa y el juez instructor han guardado una extraordinaria discreción sobre las investigaciones en curso en el museo parisino, pero rechazan que la Brise de Mer haya estado implicada.

Lo fácil es robar

Según los expertos, robar arte es relativamente fácil. Lo difícil es venderlo, porque hace falta organización y distribución. Normalmente los ladrones son apresados en el momento de vender, según Wittman, que señala que los delincuentes tienden a ser mejores ladrones que hombres de negocios.

Un caso reciente en Alemania ilustra los peligros de esta parte del oficio: cuatro hombres – entre ellos, dos abogados – fueron detenidos este verano cuando trataban de negociar un acuerdo para cobrar por la devolución a un banco privado de Düsseldorf, el Bankhaus Lampe, de ocho cuadros robados valorados en 900.000 euros. En este palo, que tuvo lugar en 2008, los ladrones no dejaron ninguna huella: ni forzaron la entrada, ni hubo imágenes de vídeo, y las puertas estaban cerradas de forma normal.

Hasta la fecha, dice Girard, del ayuntamiento de la capital francesa, nadie ha pedido rescate por las obras sustraídas y el Museo de Arte Moderno ha tratado de volver a su rutina. Hoy su espaciosa galería de la Escuela de París – de la que fue robada la “Mujer con abanico” de Modigliani – está recién pintada, y se han vuelto a colocar los cuadros.

Aunque París ha reforzado la seguridad, hay algo que no ha cambiado. Con independencia del valor de lo que haya robado un ladrón, este no puede ser sentenciado a más de cinco años de prisión; esta condena máxima varía a lo largo del continente europeo. Si el juicio de septiembre deriva en condenas, apunta el abogado de la familia Picasso, los acusados probablemente se enfrentarán a poco más de dos años en la cárcel.