La economía alemana es la única que registra un crecimiento notable entre las potencias occidentales. Y así crece el abismo con respecto al resto de la zona euro, que no se beneficia de esta calma, lo que suscita más preocupación que entusiasmo entre sus vecinos.
En la actualidad, Alemania se encuentra aislada, no sólo políticamente, sino económicamente. Ninguna otra gran nación industrial occidental puede presumir de una recuperación económica tan formidable como la registrada en la república federal. Por ello no deja de aumentar el abismo entre Alemania y el resto de la zona euro. Aunque los responsables comerciales de las empresas alemanas ven con confianza el futuro, sus vecinos de la zona euro revelan signos de nerviosismo, tal y como demuestran las cifras publicadas el 23 de agosto.
La aislada economía alemana podría sufrir con su estado de excepción. Puesto que el crecimiento alemán se basa en las exportaciones, se ralentizará de forma irremediable si los principales socios comerciales no se mantienen al mismo ritmo. Las perspectivas se enturbian en todas las principales áreas comerciales que observan los exportadores alemanes. Las últimas cifras de Ifo World Economic Climate demuestran una desaceleración económica en Norteamérica y Asia. Si Europa Occidental sigue registrando un crecimiento positivo, es únicamente porque los buenos resultados de Alemania ocultan los problemas de sus vecinos.
Los factores de riesgo varían en función del país. A pesar del histórico plan de recuperación, el restablecimiento económico en Estados Unidos sigue siendo demasiado frágil para crear bastantes empleos. El índice de desempleo sigue encontrándose cerca del 10%, lo que desanima el consumo, el motor del crecimiento estadounidense.
China, la segunda potencia económica mundial, tiene un problema diametralmente opuesto: ante el riesgo de sobrecalentamiento del mercado inmobiliario, el gobierno chino ha decidido reducir el acceso al crédito. En los cinco primeros meses del año, China ha sido el séptimo mayor mercado de exportaciones alemanas. A la cabeza se encuentra Francia, seguida de Estados Unidos, Países Bajos y Reino Unido. Las cinco posiciones siguientes las ocupaban igualmente países europeos. En todos ellos, el nivel de endeudamiento limita las perspectivas de crecimiento.
En las vías de la recuperación sostenible
Por toda Europa, los planes de recuperación acabarán a finales del mes que viene. Los gobiernos han previsto aplicar medidas de rigor drásticas, similares a las que han hecho que Grecia vuelva a sumirse en la recesión. En el Reino Unido, los economistas advierten sobre el estricto programa de ahorro presentado por el gobierno, que podría perjudicar a la economía nacional tras un primer semestre sorprendentemente positivo. Por lo tanto, en Europa Occidental los exportadores alemanes podrían llegar a encontrarse en una posición más delicada.
Las nubes se acumulan también sobre Europa del Este. En Polonia, el décimo socio comercial de Alemania, la producción industrial y el sector de la construcción registran su primer retroceso. Rainer Singer, especialista en Europa del Este para el primer banco de Viena, prevé una reducción a la mitad en el crecimiento de la región en general.
Las exportaciones, el motor del crecimiento alemán, podrían descender una o dos velocidades en los próximos trimestres. "Debido a la coyuntura internacional, pero sobre todo a las dificultades en Europa en general, el crecimiento alemán sufrirá una notable desaceleración a partir del próximo otoño", prevé Gustav Horn, jefe del Instituto económico IMK.
Mientras, se multiplican los síntomas de una recuperación sostenible en Alemania. La economía prosigue el camino habitual: tras las exportaciones, las inversiones y el consumo sirven de alternativas de crecimiento. En cuanto a la desaceleración esperada, preocupa, pero no es un motivo para que cunda el pánico.