A pesar de la crisis, Estonia debería ser el próximo miembro de la zona euro en 2011. El diario checo Hospodářské noviny intenta encontrar el motivo de su éxito en el modelo económico y social del país.

 Con sus más de dos metros de altura, su barba majestuosa y su barriga prominente, Kalev Vilgats podría encarnar perfectamente al temible vikingo invasor. Para él, una cerveza normal no es menos de un litro y las paredes casi tiemblan cuando, acompañado por sus amigos, charla en su restaurante favorito, cerca del centro de Pärnu, una población al sur de Estonia. No importa el tema de la conversación, tanto si se trata de la calidad de la cerveza, como de la crisis económica o del euro, la moneda que entrará en vigor en su país en enero del próximo año.

Antes de dar la palabra a su invitado, Kalev, como auténtico patriota estonio, se ve obligado a alabar los méritos de las estaciones termales locales y a recordar que su ciudad natal organizará este verano el gran festival de las ciudades de la Hansa que, según el ayuntamiento, impulsará de nuevo el sector turístico, gravemente afectado por la crisis.

"Para la gente normal, la vida sigue siendo difícil y siguen contando el dinero", afirma Kalev, periodista del diario local. El año pasado, el PIB del país descendió un 14%, los sueldos bajaron una media del 15% y el desempleo superó la barrera del 16%. Y entonces surge la pregunta que sorprende incluso a este hombre tan seguro de sí mismo, así como a la mayoría de los estonios. ¿Cómo se explica la magia del éxito de su país y la seguridad de sus compatriotas? Porque, a pesar de la crisis, no se sublevan, no acusan a nadie, no caen ni en el populismo ni en el pesimismo, trabajan duro y disponen de un sistema electrónico de gestión pública transparente.

Una práctica de consenso

"De hecho, ya nos pronunciamos a favor del euro en 2003, en un referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea". Desde entonces, explica Kalev, "la única pregunta pendiente era saber cuándo exactamente podríamos cumplir los criterios exigidos para su introducción". Estonia, que partía de una situación de paralización post-soviética, ha logrado poco a poco ocupar una de las posiciones más altas en las diferentes clasificaciones cuyo fin es evaluar las condiciones del empresariado o el estado de la democracia.

En este país, se puede presentar la declaración de impuestos con tres clics de ratón. Estonia también es el primer país de Europa que ha introducido el impuesto de tasa única. Pero es un país cuya economía abierta se ha visto duramente afectada por la crisis financiera mundial. ¿Qué diferencia a Estonia del resto de países post-comunistas? Es un consenso sobre algunos fundamentos de una estrategia de desarrollo, que nadie ha puesto en duda desde 1990. Aquí no existe una polarización ideológica, como es el caso de Eslovaquia, República Checa o Hungría. La adhesión a la Unión Europea y a la OTAN son objetivos que comparten todos los países de Europa central.

Pero Estonia tiene algo más, que es lo que podríamos denominar como una cierta práctica del consenso. No es nada sencillo comprender este concepto. Los estonios son al mismo tiempo un pueblo muy cerrado y trabajador. El sociólogo y filósofo lituano Zenonas Norkus explica este espíritu trabajador mediante la historia, que se basa en la famosa tesis del sociólogo Max Weber del protestantismo como cuna del capitalismo. Ahora bien, los estonios son en su mayoría luteranos no practicantes...

Confianza en las instituciones

El deseo de los estonios de liberarse de la influencia soviética y de deshacerse de su herencia constituye otro motivo histórico del consenso. Por otro lado, los estonios consideran a los finlandeses, a los que se asemejan lingüísticamente, como un modelo. Por lo tanto, el máximo halago para ellos es afirmar que su país no es báltico ni post-comunista, sino escandinavo.

Por lo demás, dado que existen vínculos estrechos entre Finlandia y Estonia, tanto desde el punto de vista comercial como de su mercado de trabajo específico, esta afirmación se puede justificar en cierta medida con hechos. Ante la hipótesis de que el consenso podría ser en cierto modo sinónimo de un Estado corporativo, responden que en un país tan pequeño, es inevitable que la gente se conozca entre sí, que el sector público y el privado estén tan vinculados y que las normas y las leyes se elaboren con gran transparencia. "La gente confía en las instituciones, porque después de su independencia,

Estonia vivió un gran crecimiento económico y el Estado ha sabido demostrar su transparencia. Por ello aquí puede existir una política unitaria", opina el sociólogo Aivar Voog. La relación positiva con respecto al Estado constituye sin duda el principal elemento que diferencia a Estonia de los demás países post-comunistas. Los estonios realmente se ven reflejados en su Estado y ello explica el comportamiento respetuoso que muestran frente a él.