Reticente a conceder ninguna ayuda a Grecia para reabsorber su déficit, hasta el extremo de amenazar con excluir a los países menos virtuosos de la zona euro, la primera economía del continente no tiene ningún interés en que la moneda única se hunda. Sin el euro, Alemania se vería abocada a una crisis sin precedentes.

Hubo un tiempo en que los alemanes preferían llamarse europeos antes que alemanes. Una época en la que la unión de Europa tenía el valor de un objetivo intangible. Todo indica que esta época ha quedado atrás. Tras la reunificación, los alemanes han recuperado su orgullo. ¿Pero orgullo de qué? Hoy, cualquier iniciativa va acompañada de la pregunta: ¿y qué ganamos con eso? Los viejos amigos del proyecto europeo están acostumbrados a esta pregunta desde hace tiempo.

El actual debate alrededor de la crisis griega, con todos sus exabruptos y sus tufillos nacionalistas, ha llegado ya demasiado lejos. La arrogancia de nuestros diputados, de nuestros funcionarios y de nuestros ministros al presentar a los griegos como imbéciles, corruptos y holgazanes, va más allá de la insolencia. La estrategia de la canciller, que no hace más que incitar a los especuladores para que sigan haciendo subir las tasas de interés de Grecia hasta que su quiebra se vuelva inevitable, revela una irresponsabilidad total frente a nuestros socios europeos, ¡y todo ello únicamente por las elecciones regionales de Renania y Westfalia del Norte!

Volver al marco supondría un aumento de las exportaciones

Esta estrechez de espíritu, esta incapacidad de preguntarse si con su comportamiento Alemania podría estar contribuyendo a aumentar las presiones sobre el euro, demuestran claramente una cosa: los problemas de la moneda europea proceden más del supuesto alumno modelo alemán que de la misma Grecia. Uno se siente tentado de decir: ¡pues salgan del euro, si es lo que quieren! Vuelvan a sus malditos marcos y dejen que Francia tome los encargos de toda Europa. ¡Déjense llevar otra vez por su sentimiento de superioridad! La euforia será corta. No cabe mucha duda de eso. Pues, ¿qué ocurriría si Alemania saliera del euro?

La revalorización del marco situaría la moneda alemana un 30% por encima del euro. Este 30% supondría una enorme ventaja competitiva para las industrias francesas e italianas, sin olvidar las belgas, las holandesas y las eslovacas. Aprovechándose de lo que sería un auténtico boom de sus exportaciones, los demás países europeos podrían finalmente prosperar, sin Alemania. Más pragmáticos que los alemanes en materia de equilibrios financieros, los franceses, convencidos con razón de que vale más recuperar la senda del crecimiento que recortar los gastos, garantizarán a Europa unos buenos años de prosperidad.

Alemania tampoco es un ejemplo

¿Y durante todo este tiempo, qué harían los alemanes con su nuevo marco? Volverían a encontrarse en una situación catastrófica. El retorno del marco haría que el “made in Germany” fuera mucho más caro y las exportaciones se vendrían abajo. Todo lo que Francia y el resto de Europa exportaran de más serían ganancias perdidas para las empresas alemanas, es tan simple como eso. El paro aumentaría, al igual que la deuda pública, arrastrada por el aumento de los subsidios por pagar. El crecimiento alemán, que reposa exclusivamente sobre las exportaciones, se desinflaría. Al aumentar el coste de la mano de obra, la congelación de los salarios sería inevitable. Al cabo de unos años, llegarían las privaciones.

El retorno al marco sembraría también el pánico en los bancos y las aseguradoras. Una disminución del 30% en el valor de todos sus activos europeos podría representar una pérdida de cerca de 200.000 millones de euros para el sector. Habría que organizar entonces una segunda oleada de rescates bancarios, lo que agravaría aún más la situación de la deuda pública. ¿De dónde salen estos 200.000 millones de euros de pérdidas suplementarias? De los 600.000 millones de euros en activos extranjeros que ha reunido Alemania desde la introducción del euro (gracias a los grandes excedentes de sus exportaciones).

¿Moraleja? Alemania tampoco es tan poco buen ejemplo como Grecia. Los excesos de unos –en forma de aumentos de sueldo– se han convertido en las carencias de otros. Sólo juntos podremos resolver los problemas de la zona euro. Un crédito de 9.000 millones de euros para ayudar a Grecia no es nada comparado con el egoísmo de Alemania. Y tanto para Atenas como para Berlín, la salida del euro –voluntaria o no– está excluida de antemano.