Volcán Islandés: El hombre, entre la naturaleza y la máquina
19 abril 2010
Frankfurter Allgemeine Zeitung
Berlin

Pase un buen fin de semana. Panel de información anunciando las cancelaciones de los vuelos en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, 17 de abril de 2010.
La suspensión del tráfico aéreo en Europa desde el 15 de abril no fue decidida como resultado de las observaciones de la nube de cenizas volcánicas llegada de Islandia, sino de simulaciones informáticas. Frente a un fenómeno natural, el hombre parece abdicar de sus responsabilidades en favor de la técnica, señala con preocupación el Frankfurter Allgemeine Zeitung.
Klaus Walher, portavoz de la empresa de aviación Lufthansa, es un hombre técnico. Cuando, frente al vacío del cielo europeo, deplora la falta de intuición y de sentido común, todos escuchamos con atención. Todo lo que Walher quiere es volar. Y sin embargo, su airada protesta contra la prohibición de circular en el espacio aéreo es un evento en cuanto a la crítica de la tecnología de la era digital recién nacida y un capítulo de la historia de una sociedad moderna que se priva a sí misma de su poder creando modelos. Es bien cierto que las compañías aéreas defienden sus propios intereses. Pero hasta ahora, la reputación de Klaus Walther no era la de sacrificar la seguridad en pos del beneficio. Aun aquellos que no quieren subirse a un avión en estos días, harían bien en comprender que la nube invisible que paraliza el tráfico aéreo no está formada por cenizas y polvo sino por un nubarrón de datos. Aquello que hoy en día provoca una explosión volcánica, mañana puede ser provocado por otras erupciones, ya sean geológicas, económicas o sociales.
Actualmente, lo que bloquea el tráfico aéreo por un coste que alcanza cientos de miles de euros por día es una simulación informática. ¿Qué va a hacer mañana? ¿Qué está haciendo ahora? ¿Y cuál será el precio que habrá que pagar? La cascada de decisiones que neutraliza el tráfico aéreo en el continente europeo se produjo sin ningún empirismo, sin cálculos y sin comparaciones de datos. Los resultados de la simulación, de los cuales dispone todo el mundo, provienen del Met Office, la oficina meteorológica británica. La prudencia de las autoridades es comprensible. ¿Quién desearía ser responsable de un accidente? No se trata de refutar por principio la pertinencia de las simulaciones. El problema es que se las considera como hechos y que las decisiones se han tomado bajo presión, sin dejar lugar para la experiencia, la intuición: en síntesis, para el sentido común.
El peligro de un nuevo autoritarismo
¿Existen regiones sin nubes? ¿Se pueden realizar simulaciones de vuelos que permitan conocer la ubicación de las cenizas? Todo esto no era posible: una sola simulación ha sido suficiente para desquiciar el destino de millones de personas y para paralizar a toda Europa. Esta situación tiene que ver con el hecho de que la simulación produce sus propios algoritmos sociales. El margen de maniobra para que las autoridades implicadas puedan apreciarlos es casi inexistente. Son hombres pero, en el fondo, deben actuar como algoritmos que, con motivo de la crisis financiera, desencadenaron múltiples reacciones en el mercado puesto que los parámetros así lo exigían.
De repente, todo el mundo se convierte en espectador: los pasajeros, los pilotos, los servicios meteorológicos, las autoridades. La "human response", la respuesta humana a la máquina ya no es posible. Si el grado de complejidad calculado de antemano es lo suficientemente denso, el "destino" deja de existir. Allí donde no existe el destino, todo ocurre bajo la responsabilidad jurídica. Porque la simulación siempre está en su derecho en caso de catástrofes. Según el matemático estadounidense Steven Strogatz, los ordenadores calculan cosas que ni los matemáticos más brillantes son capaces de verificar. Añade además que esta situación nos lleva a un nuevo autoritarismo: el saber se convierte en un "deporte de espectadores". Nosotros tan sólo podemos aplaudirlo o abuchearlo, pero ya no podemos comprenderlo porque ya no llegamos a entender cómo ha logrado estos resultados el ordenador.
Hoy tu avión está en tierra, mañana tu carrera
La simulación se convierte en una predicción. En una época en la que imperan las redes sociales digitales, se hacen predicciones similares con respecto a los hombres. La autoridad que decide la detención de menores en Florida acaba de anunciar que realizará sus pronósticos con respecto a los jóvenes que se han convertido en delincuentes gracias a un software de análisis ideado por IBM. La justicia británica emplea el mismo sistema de "predictive analysis" (análisis predictivo).
Si se puede predecir la seguridad de los movimientos de los aviones, así como la movilidad social, las competencias intelectuales o la salud con una certeza científica, bastan tan sólo unos parámetros para que intervengan las autoridades que controlan la vida. Ya lo hacen en las empresas y en otros servicios. Hoy es su avión el que se ha detenido, mañana puede ser su carrera. Las personas de mayor edad son las únicas que creen que detrás del escepticismo con respecto a este nuevo poder se oculta la nostalgia de una era preindustrial. Se trata más bien de establecer instancias de recursos contra el mundo de los ordenadores y de reconocer la oposición como deber de la sociedad moderna, que puede nutrirse únicamente del empirismo y de la intuición. De lo contrario, en breve ya nada volará.