Crisis de la deuda: El fin del método Merkel
3 julio 2012
Frankfurter Allgemeine Zeitung
Berlin

"Cómo nadar a crol".
Confíen en mí y déjenme hacer: el método de Angela Merkel ha llegado a su límite en la crisis que afecta a Europa. Si quiere que le apoyen en su política, la canciller debe dirigirse a los ciudadanos de toda Europa.
El 16 de mayo de 2010, Angela Merkel pronunció un discurso durante el congreso de la Confederación Alemana de Sindicatos, en Berlín. No es un acontecimiento en sí mismo, ya que la canciller habla mucho. Pero la conclusión de su alocución es un buen ejemplo de los errores de comunicación en los que se ha perdido, y con ella, todo el país.
Se presenta por tanto ante los sindicatos para exponer mil y un puntos, con la intención, como de costumbre, de ser a la vez muy respetuosa y pedagógica. Pero en el momento de terminar su discurso sobre la polémica cuestión de la jubilación a los 67 años, lanza una de esas frases que son su especialidad: "Estoy aquí para hablarles de la realidad tal y como es".
Dicho de otro modo, yo no me ando con rodeos. Ahí se encuentra su error: en realidad habría que encontrar a otra persona para dirigirse a los sindicatos. Pero en el sistema Merkel, sólo está Merkel y sólo seguirá estando Merkel. Con su "estoy aquí" quiere decir "¿qué más quieren?". Así es como se comporta hoy la mujer más poderosa de Europa.
Un equipo con un sólo miembro
Paralelamente, la canciller lleva a cabo un programa histórico mediante su ambición. Como otros dicen que van a traer café, ella anuncia que quiere regular los mercados financieros, prescribir a Europa una nueva forma de gobierno, salvar el clima y garantizar la prosperidad sostenible de Alemania, Europa y Occidente. Y al mismo tiempo, el círculo de los que se posicionan a su lado se hace cada vez más pequeño. En realidad, ella es el único miembro de su equipo.
Muchos periodistas hablan de su gran eficacia "en un círculo limitado". Pero cuando se trata de reformar Europa, ya no se puede trabajar en petit comité. El método resulta entonces un desastre, ya que su resultado es una "política de gabinete" opaco, parecida a la que se desarrolló en la época del despotismo ilustrado: hombres y mujeres de valor y de espíritu, originarios de toda Europa, trazando planes y tomando decisiones a puerta cerrada.
Sin embargo, esa época dio origen, no sin razón, a la era del Estado-nación: los príncipes y sus consejeros de noble linaje se dejaron acorralar sobre la pendiente fatal de la quiebra y no tenían otro medio para encontrar fondos que declarar a sus súbditos solidariamente responsables de sus deudas. La palabra "ciudadano" se tiñó de sonidos tranquilizantes para los mercados financieros de entonces: los ciudadanos serían los garantes de todos esos pequeños principados.
La canciller ha esperado a la crisis para aportar el fundamento político a su persona. Pero un día de estos, la política del "Estoy aquí" ya no funcionará, sobre todo cuando no se está donde se pretende estar.
Hay que cambiar la estrategia
Angela Merkel no ha emprendido una gira por las capitales de Europa del Sur para explicar la postura alemana. Podría decirles: ¿En qué les beneficia a ustedes, amigos, que los subsidios lleguen por los mismos canales que toman desde hace años? ¿Si los únicos medios adinerados siguen siendo el inmobiliario, las finanzas y el fútbol?
Las personas de cierta edad pueden imaginarse lo que habría hecho Hans-Dietrich Genscher [ministro de Exteriores de Helmut Kohl]: prácticamente se habría asentado en Atenas, el ministro griego de Exteriores se habría convertido en su mejor amigo y se marcharía a hacer lo mismo a Roma, Madrid y Lisboa, antes de volver a Atenas y todo ello antes de que finalizara la primera semana de crisis.
Estados Unidos constituye el modelo de diplomacia pública [la política exterior que se dirige directamente a los pueblos extranjeros]. Un país que envía a Bill Clinton y a George Bush padre al extranjero en periodo de crisis no pasa por antipático, sobre todo cuando llevan en sus maletas hospitales y centrales eléctricas. Es cierto que esta política les cuesta millones, pero sigue siendo menos que los cientos de miles de millones de los que es ya garante el contribuyente alemán. ¿Pero para quién y por qué?
El Gobierno no dice nada, los diputados no comprenden gran cosa. Sin embargo, hay una persona que lo ve claro: "Podemos hacer como si fuera sencillo”, sermoneó ella, con su estilo característico, a un diputado. “Pero no lo es. ¡Y he puesto muchas energías en ello!".
La solución está en los ciudadanos
Tras años de esta crisis que se eterniza, se pueden percibir los límites de su método. No existe ninguna estrategia en materia de comunicación de crisis, lo que quiere decir que tampoco hay una estrategia política. En primer lugar, convendría identificar los estratos sociales que se interesan en Europa por la integración política, el crecimiento económico y el progreso técnico, por ejemplo, las clases medias ávidas de cualificaciones. Por todo el Mediterráneo, los padres ven cómo sus hijos, con talento y trabajadores, se quedan vegetando en el paro. Estos padres son los aliados lógicos de una política de reforma europea inteligente, pero ¿quién se dirige a ellos?
Hasta ahora, cuanto más se trata la crisis, más escasean los que trabajan en su solución. Esto nos hace pensar en los últimos años de la Unión Soviética.
En ese caso, la sociedad civil era muy débil. Pero en nuestro caso no lo es. Se pueden pedir ciertas cosas a los europeos. Los expertos del Boston Consulting Group, que no es de izquierda, han calculado que con un tipo de imposición medio del 20% sobre el patrimonio privado de los europeos, se podría salir del atolladero. Queda por saber si seguirá aceptándose la financiación de los bancos a través de los impuestos. En un futuro próximo, viviremos y trabajaremos de un modo totalmente distinto. Podemos prepararnos para ello. Pero ella aún tiene que decirlo. "¿Qué más quieren?" Pues precisamente eso.