La elección de dos diputados de extrema derecha en el Parlamento europeo hace temer una vuelta del fascismo en el Reino Unido. Pero Sunny Handal, en The Guardian, cree que los laboristas y los medios de comunicación deben relativizar este hecho.

El Reino Unido por fin ha votado a un líder fascista. No es que menosprecie la amenaza que representa la ultraderecha, pero espero que nos haga empezar a cambiar nuestra postura ante este partido.

1. El BNP no ha conseguido más votos: el recuento total ha disminuido desde 2004. Esto no quiere decir que la propaganda del BNP haya seducido a más gente, sino que el electorado laborista se ha derrumbado y ha optado por otros partidos. Si el laborismo consigue recuperarse, no hay motivos para pensar que el BNP pueda volver a salir elegido.

2. Puede que así los laboristas recuerden que tienen sus raíces tradicionales en la clase obrera, una clase tan maltrecha que está emigrando a otros partidos. No se trata aquí de una invectiva contra una inmigración y un multiculturalismo elevados, sino contra un partido centralizado que hace caso omiso de las inquietudes locales. Nuestros medios se pasan el día diciendo que su infraestructura se está viniendo abajo por culpa de los solicitantes de asilo y no de la falta de inversión. La inmigración no tendría tanto protagonismo si las administraciones locales concedieran o retiraran recursos en función de los movimientos de la población, para asegurarse así la salvaguarda de los servicios públicos. Esto se debe asimismo a la falta de inversión en viviendas sociales.

3. Espero también que los resultados pongan fin a las alharacas de gestos políticos en contra del BNP con los que todos los partidos piden al unísono que la gente “vote por cualquiera menos por el Partido Nacional Británico”. Si nos dieran una razón para votarles sin sonar como robots idiotas y vacuos en la televisión, puede que incluso lograran convencer a muchos más de nosotros para que acudiéramos a las urnas. Lo único que consiguen estos gestos es potenciar la imagen antisistema del BNP, con lo que garantizan que aquellos que no quieran votar a “ninguno de los anteriores”, voten a ellos.

4. Así se demuestra que copiar el lenguaje del BNP no funciona. El gobierno laborista cuenta entre sus filas con personas que creen que si de vez en cuando deslizan alguno que otro sobreentendido racista, pueden conseguir mantener el voto de la clase obrera. De este modo hacen gala de una actitud paternalista y además cometen un error, al no darse cuenta de que el proletariado está furioso con el partido que lo defraudó y no forzosamente con sus vecinos negros. Los parlamentarios laboristas han hecho declaraciones que sonaban duras respecto a la inmigración con la absurda esperanza de lograr así apuntalar a su electorado. Carecen de un mensaje estimulante que diga, como hizo Obama, “tus sueños no tienen que cumplirse a expensas de los míos”.

5. Puede que así se obligue a los medios a replantearse la asistencia que el churnalism, el periodismo rápido y barato, presta al BNP. En lugar de hacerles preguntas bobas como si son un partido racista, resultaría útil que los periodistas situaran las actividades del partido en el punto de mira. Gran parte del establishment se toma el BNP a broma, pero debemos tomárnoslo en serio, porque nos ha demostrado que puede hacerse con más de 100.000 votos en una región. Deberíamos mostrarlos como el hatajo de charlatanes que son, sin omitir las anécdotas racistas. La elección de los dos eurodiputados puede que ahora obligue a los periodistas a no tomarse al BNP más en serio, en lugar de tratarlo con un desdén que sólo contribuye a aumentar el odio antisistema.

6. ¿Se encuentra el país a las puertas de una guerra racial? Lo dudo. El propio BNP ha ido moderando su mensaje cuanto más cerca se ha visto del poder (por lo que parece, ya no es un partido racista, imagino que para gran desencanto de muchos de esos seguidores suyos que afirman estar orgullosos de ser racistas). La mayor parte de la gente tiene el suficiente contacto con personas de una minoría étnica como para saber lo estúpido que resulta el racismo. Esto tendrá siempre mayor validez que todo lo que diga el BNP.

Con esto no pretendo decir que debamos recibir al BNP con los brazos abiertos. Sólo que un alarmismo exagerado redunda únicamente en su beneficio.