¿Servirá el proyecto de organización del Servicio Europeo de Acción Exterior, recientemente presentado por Catherine Ashton, para elevar al rango de potencia internacional a la Unión Europea? El futuro es incierto, en vista del tamaño de la administración, la reticencia de los Estados a ceder sus prerrogativas y la batalla institucional en torno a los poderes.
"Ningunear a la Unión nunca fue tan fácil ni salió tan barato", señala José Ignacio Torreblanca en un artículo de El País. Desde que Rusia ignorara en 2008 todos los acuerdos europeos e invadiese parte de Georgia, otros países (entre ellos China, Israel y Libia) han decidido "pasar por encima" de la Unión Europea. A pesar de un "despliegue diplomático espectacular" que cuenta con 2172 embajadas y 933 consulados, los ministerios de Asuntos Exteriores de los países de la UE no son más que "muertos vivientes que apenas desempeñan función relevante alguna", según el director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations. Para superar la atomización de la política exterior, Catherine Ashton ha presentado el Servicio Europeo de Acción Exterior, que pretende unificar la diplomacia "en lugar de hacer cada uno la guerra por su cuenta". Aunque "sobre el papel, todo tenía bastante sentido", la fusión está siendo más problemática de lo previsto, por lo que los expertos han hablado de la existencia de una "guerra de trincheras". Sin embargo, Torreblanca considera que "no es para tanto" y que"todo lo que los europeos son capaces de arrojarse unos a otros son artículos legales, organigramas y notas a pie de página".
