Irlanda: Por qué es necesario el pacto fiscal
30 mayo 2012
The Irish Times
Dublín

Una calle de Dublín al final de la campaña del referéndum del tratado fiscal europeo, el 29 de mayo de 2012.
El diario Irish Times invita al electorado a centrarse en el tratado fiscal y no en cuestiones superfluas, conforme se acerca el 31 de mayo, día en el que Irlanda celebra un referéndum sobre el pacto fiscal de inspiración alemana.
Mañana, tras el cierre de esta estridente y a menudo poco esclarecedora campaña sobre el tratado fiscal, votaremos. Pero no vamos a votar sobre las acciones del Gobierno.
Ni tampoco sobre los gastos domésticos o el agua. Ni siquiera sobre la “austeridad”. Votamos si queremos o no permitir al Gobierno que ratifique el tratado fiscal y modifique en consecuencia nuestra Constitución. Se trata de un derecho democrático importante e inusual según los términos europeos, pero que sin duda conlleva una responsabilidad democrática que recae en los votantes: que voten únicamente sobre la cuestión que se está tratando. Quizás sea esperar demasiado...
Tal y como hemos hecho en cada uno de los siete referéndums sobre la integración de la CEE/CE/UE que se han planteado al pueblo irlandés, el Irish Times vuelve a abogar por el voto a favor. No sólo por una incurable e incondicional eurofilia, sino también por la evaluación pragmática de los intereses vitales de Irlanda en cada uno de los momentos, como ocurre en este caso, así como por la convicción ante todo de que hay cosas que hacemos mejor colectivamente, con nuestros socios europeos, e incluso algunas que sólo se pueden conseguir juntos.
Un buen ejemplo de ello es la construcción de la unión monetaria y de una moneda única. Esta tarea inacabada, pues un pájaro jamás logró volar con una sola ala, constituye la cuestión que votamos mañana, la creación de unas bases fiscales sólidas en toda Europa sobre las que debe basarse el dinero y sobre las que los Estados miembros del euro podrán pedir prestado dinero colectivamente y a tipos de interés sostenibles. No se trata simplemente de una extraña noción alemana, sino de una realidad de la vida económica.
Contra los antojos de los especuladores
En la vida nada es gratis. El dinero barato tiene un precio que deben pagar los Estados miembros del euro: disciplinas fiscales, una administración interna responsable y métodos colectivos de aplicación de las normas. Y sí, también algo de dolor. Ese es el fundamento del tratado que nos piden que apoyemos y de las condiciones unidas al acceso a los fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM) que puede que volvamos a necesitar. No se trata, como sostienen los detractores del pacto, de un “tratado de banqueros” o de un “tratado de especuladores”, sino precisamente de un tratado con el que los Estados europeos podrán unirse contra los antojos de los especuladores, al crear una moneda con el peso y la estabilidad suficientes para que sea inmune a sus ataques.
El precio del dinero, es decir, el tipo de interés, es ante todo una medida del riesgo percibido y de la incertidumbre. Volver a pedir préstamos en los mercados de bonos el año que viene, tanto si Irlanda vota Sí como No, inevitablemente significará volver a un mar de incertidumbre y posiblemente a tipos de interés por las nubes, desde el puerto relativamente seguro de los tipos de rescate más bajos de la eurozona. ¿Quién en su sano juicio votaría para privarnos voluntariamente de esa alternativa?
Gran parte de la campaña a favor del pacto fiscal se ha centrado en una postura a la defensiva, un argumento de doble negación, basado en las malignas consecuencias de votar no. En cualquier caso, es necesario escuchar los argumentos a favor de un tratado que es un bloque esencial y valioso en la construcción de nuestra moneda.
Sobre todo, no dejen de votar. Se trata de su Constitución, su moneda, su futuro. No dejen que otros tomen la decisión por ustedes.