Ucrania
El espectro de Moscú ronda las elecciones
Publicado el Enero 15 2010 | Le Monde diplomatique
Kiev, 14 de enero de 2010. Un cartel del candidato pro-ruso Viktor Yanukovitch. (AFP)
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En la primera vuelta de las elecciones presidenciales que se celebrará el 17 de enero, se enfrentarán el bloque pro-ruso del candidato postcomunista Víctor Yanukóvich y el pro-occidental, dirigido por el presidente saliente, Víctor Yúshenko y su primera ministra, Yulia Timoshenko. Cinco años después de la "Revolución Naranja", las relaciones con Moscú, principal vecino y proveedor de gas de Kiev, influyen aún en el voto.
En agosto de 2009, en una intervención a través de un vídeo difundido en su blog, Dimitri Medvédev se dirige a su pueblo... y a sus vecinos ucranianos:"Nuestras relaciones bilaterales con Ucrania nunca han sido tan deficientes.Las autoridades de Kiev desarrollan una política claramente antirrusa desde el ataque militar en Osetia del Sur emprendido por Saakashvili, en el que se utilizaron armas ucranianas para matar a civiles y a militares rusos".La crítica se dirige explícitamente al presidente ucraniano Víctor Yúshenko, acusado de haber apoyado a su homólogo Mijail Saakashvili en el enfrentamiento de Rusia y Georgia en agosto de 2008.
El poder ruso puede golpear sin escrúpulos a Yúshenko y los países occidentales apenas se inmutan, ya queYúshenko era en 2004 la esperanza de los europeos y de parte de los ucranianos, pero se convirtió en el paria de la política ucraniana, culpable de haber traicionado al Estado y de no haber sido capaz de seducir a Occidente.Hasta tal punto es así que, aunque es candidato a las elecciones presidenciales del 17 de enero, se encuentra sin dinero y sin apoyo para realizar la campaña y con pocas posibilidades de volver a ser elegido. Desde 1997, Rusia y Ucrania funcionan sobre la base del denominado Big Treaty. Esta maraña de acuerdos bilaterales cubre todos los ámbitos posibles (energético, económico, militar, cultural, humanitario, etc.).Pero los dos países sostienen sus propios objetivos políticos, a veces en desacuerdo con el espíritu del tratado. Por ejemplo, para Moscú, desde la llegada al poder de Vladimir Putin, el principal objetivo es desarrollar su influencia en los países postsoviéticos y en especial en Ucrania.Yúshenko, tras su victoria de 2004, no ha dejado de irritar a Moscú, cuestionando este paradigma y abordando temas incómodos.
La Guerra de las memorias
El más serio de ellos es la adhesión de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).Sin embargo, la integración en la Alianza militar atlantista se encuentra desde hace años en la agenda de la política exterior del país, sin que tuviera repercusión en Moscú. El empeño de Yúshenko de criticar a Moscú y sus buenas relaciones con Estados Unidos han puesto en guardia a las autoridades rusas, que han hecho de esta adhesión a la OTAN un punto sin retorno.También se encuentra el asunto del gas, que constituye una gran preocupación para los europeos y la espina dorsal de los conflictos recurrentes entre Kiev y Moscú. Las crisis de 2006 y 2008 que se saldaron con la interrupción del suministro hacia Europa, han hecho que el sistema ucraniano sea más vulnerable que nunca. La maniobra es clara:debilitar a Ucrania para adueñarse de su sistema de tránsito, su única arma estratégica.
La "guerra de las memorias", subestimada en general por los occidentales, también ha contribuido a la degradación de las relaciones entres los dos países. Yúshenko ha luchado por la creación de una identidad ucraniana, que se basa en una revalorización del idioma nacional, de la cultura, pero ante todo en la constitución de una historia propia del "pueblo ucraniano", y por tanto, diferente a las demás naciones eslavas.Un ejemplo de ello es la batalla por lograr el reconocimiento internacional del Holodomor, la gran hambruna que se produjo de 1932 a 1933. Según la presidencia, los millones de compatriotas que murieron de hambre a comienzos del siglo fueron víctimas de un genocidio orquestado por Stalin. Para los rusos, esta iniciativa constituye un intento de reescribir la historia común.
¿Podemos esperar que se produzca un cambio tras las elecciones presidenciales?Los candidatos barajan sus cartas, complicando la división entre pro-rusos y pro-occidentales, el auténtico marcador de la "revolución naranja" de 2004. Víctor Yanukóvich, que de momento encabeza las encuestas, fue el gran perdedor de las anteriores elecciones.Esta vez su objetivo es ir más allá de su electorado tradicional, rusófono y más bien situado al este del país.Para ello, debe romper con su imagen de marioneta movida por Moscú. Yanukóvich no tiene nada de ideólogo. Para muchos expertos, este candidato dispone de un reducido margen de maniobra, ya que su política con respecto a Rusia está influida por los motivos contradictorios de sus apoyos financieros y se encuentra supeditada a las rivalidades internas en el seno de su formación política, el Partido de las Regiones.
Yulia Timoshenko, buena estratega
Su principal adversaria, la actual primera ministra Yulia Timoshenko, también juega a varias bandas, alejada de sus posiciones originales en lo relativo a política exterior, resumidas en el artículo "Contener a Rusia", publicado en 2007 en la revista Foreign Affairs. La que fuera imagen de la "Revolución Naranja" sabe que, para ganar, es necesario el apoyo de Moscú.Como buena estratega, se debate por tanto entre los dos polos."Yanukóvich posee mucha más libertad semántica que ella", analiza Tessier-Stail [experto en el Centro Internacional de Estudios Políticos de Kiev]:"La base electoral de Timoshenko se encuentra más en el oeste y en el centro que en el este.Por lo tanto, no puede basar sus discursos sobre una Rusia amiga, tan sólo puede hablar de Rusia como socia.Incluso si desarrolla una política pro-rusa".
Los favoritos, posicionando el cursor en el este, tan sólo siguen un movimiento más global, cuyo objetivo es devolver a Rusia su función de líder en el espacio ex-soviético."Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos reconocen la importancia de Rusia", estima Anatoli Zlemko [ex ministro ucraniano de Asuntos Exteriores]. "Y nuestra política exterior no se encuentra aislada de los problemas globales.Sobre todo, la clase política ucraniana ha dejado de hacerse ilusiones sobre una integración rápida en la Unión Europea, pues ésta ha perdido la paciencia ante la ausencia de reformas en el país".




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