¡Queremos estrellas europeas!

¿Los reconoce?. Montaje: Presseurop
Hubo un tiempo en el que la pequeña pantalla rebosaba de series y cantantes de otros países europeos. El historiador y periodista Nils Minkmar se lamenta de que actualmente mientras las fronteras se abren, las mentalidades se cierran.
Todos los niños que han crecido con la televisión conocen Europa: descubrieron Praga con Pan Tau, Yorkshire gracias a una serie de la BBC (Todas las criaturas grandes y pequeñas) y los cortos veranos de Smaland con las aventuras de Pipi Calzaslargas. Hubo un tiempo en el que los presentadores de los programas de variedades se enorgullecían de recibir a invitados "del extranjero", que se apresuraban además a calificar como "estrellas internacionales" desde el momento en el que habían cantado una vez en Montreux. El último grito era que los presentadores descendieran por los escalones del plató saludando al público en varios idiomas. Actualmente, el uso del alemán clásico es lo que parece que a veces resulta problemático para lograr el éxito en una carrera televisiva.
Durante decenios, incluso los programas de éxito se esforzaban por manifestar una cierta cultura internacional y un mínimo de elegancia, sobre todo de cara a las miradas exteriores. Pero ¿en qué radio se pueden seguir oyendo chansons francesas? Por no hablar de la televisión. A excepción de Carla Bruni, ¿ante qué talento de qué artista francófono nos podemos extasiar hoy día? ¿En qué cadena podríamos seguir el festival [de la canción] de San Remo? ¿Cuál es la última moda en Suecia?
Salvo en los informativos, Europa se encuentra totalmente ausente de la pequeña pantalla. La diversión es sin duda un asunto interno, por no decir regional. Mientras los jóvenes crecen en un mundo en el que los Estados se asemejan cada vez más a regiones en lugar de a naciones, la televisión no refleja en absoluto esta realidad. Quizás sea una cuestión de cifras: en la época en la que los invitados extranjeros eran parte de la fórmula de un programa de éxito, no había competencia privada. Entonces se podía invitar a los Monty Python o a la cantante Milva [una estrella italiana de los años 60] a los platós alemanes y daba igual si con la traducción dubitativa de las entrevistas se perdían algunos espectadores.
Arte, un oasis en el desierto
Actualmente vivimos una auténtica paradoja: mientras que los responsables políticos deben llegar a entenderse con sus colegas europeos lo más rápido posible y de manera que puedan confiar ciegamente en ellos, las opiniones públicas no son capaces siquiera de retener el nombre de los dirigentes europeos y no pueden citar a un solo artista o personalidad de su país vecino. Incluso los lectores que se interesan por Europa se quedan estupefactos al no reconocer ni un solo rostro entre los actores, músicos o cómicos que ocupan las portadas de las revistas de sus vecinos.
La cadena cultural franco-alemana, Arte, sirve en este caso de coartada, ya que Europa es el tema principal en esta la cadena especializada. Cada país hace como si la televisión debiera proteger a los ciudadanos de las consecuencias concretas de la Unión Europea. Aunque vean aparecer a Angela Merkel en la televisión francesa, una de las pocas personalidades que a veces dice cuatro verdades a Nicolas Sarkozy, para deleite de la izquierda, el actor Hape Kerkeling o la autora Charlotte Roche siguen siendo perfectos desconocidos en Francia. La supresión de las fronteras exige un esfuerzo por parte del público. Hasta ahora, Europa era un asunto de profesionales. Eso no puede continuar así. Veremos también que cada vez más animadores y presentadores dominan perfectamente varios idiomas y que demuestran un interés real por el mundo exterior, cuya riqueza no podrán reflejar en la estrechez de sus estudios. Sin duda eso haría que algunos espectadores hicieran zapping.