Ecología y Desarrollo Sostenible

Energía

Una central eléctrica en el sótano

Publicado el Octubre 13 2009  |   Der Spiegel
Modelo de la red inteligente del proyecto MeRegio (Minimum Emission Region). Imagen: www.meregio.de

Modelo de la red inteligente del proyecto MeRegio (Minimum Emission Region). Imagen: www.meregio.de

 

Millones de generadores para producir más: Alemania prueba la electricidad del futuro, gestionada por el propio consumidor. Una revolución a través de Internet, en detrimento de los grandes proveedores actuales.

El futuro de las redes energéticas es una de las visiones más ambiciosas de la humanidad. Grandes parques eólicos en el mar y gigantescos campos de paneles solares en el desierto deberían cubrir en poco tiempo las necesidades esenciales de electricidad. Las empresas y los particulares también comienzan a producir electricidad con la instalación de mini-centrales en los sótanos o paneles solares en el tejado. Los hogares se equipan con dispositivos inteligentes: la lavadora, la secadora y el frigorífico se comunican entre sí para lavar, secar o enfriar durante las horas de menor actividad.

En Alemania, esta revolución ya es una realidad en seis regiones: en varias localidades se están probando tecnologías del futuro desarrolladas dentro del proyecto E-Energy. Según las estimaciones, con una mejor gestión del consumo de electricidad se podrían ahorrar cerca de 10 teravatios-hora al año, el equivalente al consumo anual de 2,5 millones de hogares. Los especialistas del sector insisten en que Alemania desempeñe la función de país pionero internacionalmente en esta industria de futuro.

Los particulares, futuros proveedores de energía

El fabricante de automóviles Volkswagen y el proveedor de electricidad Lichtblick han presentado a principios de septiembre una gran campaña para la implantación de una red de centrales eléctricas domésticas. A partir de 2010, las dos empresas instalarán hasta 100.000 generadores de electricidad en hogares normales. Estas unidades funcionarán con gas natural y si es posible, a largo plazo, con biogás renovable. De este modo, los particulares se convertirían en proveedores de energía y podrían vender parte de su producción al mercado. Al mismo tiempo, se implantará un nuevo sistema de tarificación en el que el precio de la electricidad se definirá en función de la oferta y la demanda: cuanta menos energía se encuentre disponible, más se incrementará su precio.

Los usuarios podrán supervisar el estado de la red eléctrica a través de un portal de Internet y poner a la venta su electricidad cuando se produzcan picos de demanda, para obtener el mayor beneficio y al mismo tiempo volver a equilibrar la red. De igual modo, los clientes podrán fijar con más precisión a qué tarifa desean consumir la electricidad. La difusión de estos mecanismos de gestión energética es la principal condición previa al establecimiento de una red alimentada en gran parte por energías renovables. El control preciso y detallado de la red garantizará el suministro ininterrumpido del servicio. Cuando millones de mini-centrales eléctricas produzcan una cantidad variable de electricidad y millones de terminales y otros sistemas de "Home Management" transmitan datos sobre su consumo y sus necesidades energéticas, la red se someterá sin duda a una dura prueba.

Una red eléctrica inteligente

La implantación de una red eléctrica inteligente constituye probablemente el principal reto de esta nueva era. Representa además un mercado especialmente lucrativo. Los gigantes de la electricidad que dominan el mercado hasta hoy se enfrentan de repente a la competencia de unos rivales poderosos, procedentes del sector de las nuevas tecnologías y cuyo objetivo es hacerse con el control de la energía a través de Internet. Según Peter Löscher, presidente de Siemens, el mercado de la red energética inteligente podría representar cerca de 30.000 millones de euros de aquí a 2014. Sería necesario poner a punto sistemas predictivos capaces de anticipar la evolución de los precios en función de los datos meteorológicos y los hábitos de consumo observados.

Las aplicaciones móviles, como las del iPhone, podrían desempeñar una importante función en este contexto. También podrían surgir empresas para desarrollar conceptos comerciales aplicables a la red eléctrica 2.0. Podríamos imaginar redes sociales que fomentaran comportamientos ecológicos entre sus usuarios. En Estados Unidos, ya se observa el surgimiento de una nueva generación de empresas incipientes orientadas a la revolución verde a través Internet. Según los expertos, la Red tiene el poder de revolucionar nuestra relación con el medio ambiente: con la Red no sólo es posible señalar a los derrochadores, sino también marginarles. De este modo, surgiría una conciencia colectiva que nos obligaría a reflexionar de una forma más crítica sobre nuestro consumo energético.

Stefan Schultz
 

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